Jesús ha resucitado

¡Aleluya, Aleluya! Puesto que Jesús ha resucitado… ¡nosotros también resucitaremos!

resucitado-1¡Resucitó como había anunciado!

Lo había dicho y nadie lo entendió: <<Al tercer día, resucitaré>>

Se han desvanecido las tinieblas del Gólgota. <<Ha nacido la luz para el justo, y para los rectos de corazón la alegría>> (Sal 96, 11). ¡Este es el gran día que hizo el Señor, para consolación, alegría y esperanza de todos sus hijos! la Iglesia nos invita a la exultación y la alabanza del Dios tres veces Santo.

¡Aleluya, aleluya! El viernes Santo descubre su maravilloso secreto, su grandioso sentido: fue día de gran dolor, porque los hombres habíamos crucificado al Autor de la vida; pero la Vida – el Dios.-Hijo, <<en quien estaba la Vida>> – sólo asumió la muerte para vencerla. Dios-Hijo murió para convertir esa extrema consecuencia del pecado que es la muerte, en <<acceso>> a la vida. Para que todo el mundo pueda cantar como hoy hace la Iglesia: ¡bendita culpa!, ¡bendita monstruosidad, bendita hecatombe, que nos ha merecido la Encarnación de Dios-Hijo, su Vida, su Pasión, su Muerte y su resurrección, en la cual se encuentra el fundamento inconmovible de nuestra fe y de nuestra esperanza en nuestra futura resurrección gloriosa!

Cuando la luz entra hasta el fondo de las tinieblas, las tinieblas se retiran, dejan paso a la luz, se acabó la oscuridad. Así mismo, cuando Quien es la Vida desciende hasta lo más profundo de la muerte, necesariamente la muerte ya no es lo que era; ha sufrido una transformación radical: ha sido invadida por la Vida en plenitud. Y ciertamente: <<el pueblo que yacía en tinieblas ha visto una gran luz; para los que yacían en región y sombra de muerte una luz ha amanecido>> (Mt 4, 16) <<¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?>> ( 1 Cor 15, 55)

Nos cuesta hacernos la idea de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y aún más de nuestra propia resurrección. Tendemos a pensar que es demasiado hermoso para ser cierto:

  • Yo, muriendo no en el vacío, sino en Cristo y con Cristo
  • Yo, muriendo unido a la muerte de Cristo, unido para siempre a la Vida de Dios Hijo y, por tanto, a la Vida de Dios Padre y de Dios Espíritu Santo. Yo, conviviendo eternamente con las tres Personas divinas, con la Madre de Dios, con todos los Ángeles y con todos los Santos.
  • Yo, viviendo para siempre inmerso en la Luz, en la Vida, en la -sabiduría, en la Belleza, en la Libertad, en el Amor infinito de Dios

¡Es demasiado! Si, es demasiado para nuestra imaginación, que siente vértigo ante tanta belleza. Demasiado para la razón humana, tan limitada que no llega a comprender la magnitud de la misericordia y del amor de Dios, pero tampoco llega a comprender por qué es el Ser y no más bien la nada, ni por qué no se desploma el universo en cualquier momento. ¡Demasiado para la criatura!, pero no para el Creador de los cielos y la tierra.

¡Dios es grande! ¡Dios es inmenso! ¡Dios es trinidad!

Estamos habituados (con terquedad) en explicar lo que sucede después, por lo acontecido antes: “como ha sucedido <<esto>>,resucitado-2 sucederá <<esto otro>>”. Estamos hechos a razonar desde el comienzo hasta el final, Como si todo dependiera de la eficiencia de las causas físicas. Y no consideramos que todo depende del <<fin>>, que -como sabían los antiguos sabios- es <<la primera de las causas>>. Para un ser inteligente, lo primero es el final. Todo comienza por el final: “siembro la semilla no porque me gusta o me diviertan, sino para obtener <<después>> la cosecha, los frutos que me gustan y satisfacen”. La cosecha, No siembro por sembrar, sino por los frutos. Los frutos es lo que explica la siembra.

Es por la mañana de Resurrección, que sucede la tarde del Viernes Santo, no al revés. Sólo desde su <<después>>  se entienden la Encarnación del Verbo, su Pasión y su Muerte. Sólo desde la vida eterna, se comprenderá la vida temporal de los fieles cristianos, que cada día cargamos nuestra cruz, pisando las huellas del Señor.

resucitado-3Muchos, ciegos al futuro, se aferran al presente huidizo y no entienden el sentido de la Cruz, su finalidad salvífica; menos aún entienden su propia cruz y huyen de ella, como aquellos primeros que, (Lc 5, 11) dejando todas las cosas, siguieron a Jesús; pero a la hora de la Cruz (Mt 26, 56) le dejaron solo. Nosotros, nos sometemos a mil torturas para conservar la vida del cuerpo mortal, o quizá tan sólo su belleza aparente: cirugías plásticas, succionadores de grasa, implantes de cabello, etc… y nos aterra el encuentro con la pequeña cruz, de cada jornada, ésa que nos adentra más y más en la plenitud del Amor. Y al ritmo de la huida acabamos con los más preciosos valores: la amistad, el amor, la familia, la convivencia, el valor de la experiencia… todo los devasta quien huye de la Cruz

Lo curioso es que e el mundo de fugitivos, el que va en dirección contraria parece que es quien huye. Incluso es tachado de cobarde y traidor, de necio o loco… la cruz es escándalo para unos; necedad, para otros… cuando no puede haber paz, ni amor, ni libertad, sin Cruz, pues sólo ella vence la raíz de todo mal y a su consecuencia inevitable: la muerte. Sólo sobre la Cruz puede edificarse el orden, la armonía, el sosiego interior y la belleza del mundo de los hombres, porque es en la Cruz donde Dios-Hijo ha reconciliado al mundo con Dios-Padre y transfigura aun las más pequeñas de las cosas buenas, en tesoros eternos.

Pensar según Dios

Cuando Jesús anuncia su Pasión, Pedro palidece; no entiende. Toma aparte al Maestro y le dice <<lejos de ti Señor; de ningún modo ocurrirá eso>> (Mt 16, 22). La reacción de Jesús es fulminante: <<¡Apártate de mi, Satanás! Eres escándalo para mí, pues no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres>> (Mt 16, 23). Es decir, “estás pensando al modo de Satanás: pretendes apartarme de la Redención”.

¿Cuántas veces habremos nosotros discurrido con la lógica de Satanás? ¿Cuántas habremos representado el papel del príncipe de las tinieblas, impidiendo algún encuentro saludable con la Cruz? ¿Habremos incluso apartado a alguno definitivamente de ella? ¿No lo hacen a veces amigos, padres, hermanos, maestros?

resucitado-4El mal intenta, y consigue a menudo persuadir (de mil modos y estilos) que lo único importante es el momento presente, colmar de placer este instante, sin mirar al siguiente. Es preciso que los cristianos seamos muros de contención en este mundo de fugitivos de la Cruz hacia la tristeza. Con la fuerza de la Cruz (aunque pequeña, de ordinario) conseguiremos levantarla con las doctrinas de Jesús sobre el pináculo de toda actividad humana…

No es un sueño vacío. Jesús quiere implantar su reino entre nosotros, pues así nos ha enseñado a rezar: <<Venga a nosotros tu Reino>>. Que tal Reino no sea <<de este mundo>>, no significa que no sea “para este mundo”. Significa que solo puede “venir de arriba” como un estricto “don”; que no esgrime armas de guerra o de violencia, sino amor, oración y sacrificio, que se sostiene sobre la locura y la debilidad de la Cruz, más sabia y fuerte que los hombres. ¿No valdrá la pena superar el egoísmo, abrir la ventana a la mañana de Resurrección, mirar al futuro y aproximarlo al presente? Ya no huyamos más, ya la Luz ha disipado las tinieblas del miedo a la muerte, al dolor, al sacrificio… ya estamos inmersos en la lógica divina. Se ha obrado un gran prodigio, porque…

¡Cristo ha resucitado! y ¡Resucitemos con Él!

Cristo es nuestra esperanza, nuestra paz y nuestra vida.

En consecuencia, debemos vivir la <<vida nueva>> dejando atrás los viejos temores egoístas… Debemos razonar desde el futuro… Vivir el presente, pero con vistas al después eterno… Vivir el instante presente con toda la intensidad posible, pero con <<vibración de eternidad>>…

resucitado-5Nunca debemos contemplar el frío rostro de la muerte sin ver el cálido y luminoso Rostro de Cristo Vida nuestra. No miremos nunca el dolor, el sufrimiento, la angustia o la limitación de la humana existencia como una tragedia definitiva, sino como el anuncio de la resurrección gloriosa, el acceso a la Vida Eterna…

Permitamos a Cristo que triunfe. Creamos en la vida eterna. Veamos con los ojos de la fe, que el gran compromiso divino se ha cumplido:

¡Jesús, ha Resucitado, ha Triunfado en la tierra y en el Cielo!

!Aleluya, Aleluya!