La Epifanía del Señor

Después de la preparación del Adviento, celebramos el tiempo de la Navidad hasta el domingo siguiente al 6 de enero.

“Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo…”

Después de la preparación del Adviento, celebramos el tiempo de la Navidad hasta el domingo siguiente al 6 de enero.

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Hay un ritmo unitario en todas estas semanas, un movimiento único que va desde el Adviento hasta la Epifanía. Es el mismo acontecimiento: “la venida del Señor”, que se prepara en ambiente de espera y que luego se celebra en su inauguración de Navidad y en sus primeras manifestaciones solemnes.

En realidad, las tres palabras vienen a significar los mismo: Adviento, Navidad, Epifanía = Venida, Nacimiento, Manifestación

¿Qué celebramos en Navidad – Epifanía?

Navidad y epifanía están inseparablemente unidas. Podemos decir que celebran dos aspectos del mismo misterio. La Navidad surgió en Occidente, la Epifanía, en Oriente. Pero ambas, muy pronto, fueron aceptadas y celebradas complementariamente. En Navidad es el misterio del nacimiento el que se acentúa y celebra. La atención se centra en ese Niño que nos ha nacido: Dios que se ha hecho hermano nuestro y ha querido ser de nuestra familia.

En la Epifanía celebramos la manifestación de su divinidad, su carácter de Salvador y Dios en la presentación de los magos de oriente a los pueblos paganos. La Navidad insiste en su cercanía humana: ha nacido como niño. La Epifanía, en la visibilidad gloriosa de su divinidad.

Día de Reyes.

Después de las felicitaciones, abrazos, regalos y cenas de la Noche de Navidad y Año nuevo, se llega a la “Noche de Reyes” (5 de enero) y al Día de reyes propiamente (6 de enero).

Los magos venidos de Oriente, según el evangelio de Mateo (2,1-12), bien podrían haber sido astrólogos, sacerdotes persas o propagandistas religiosos, los cuales han sido embellecidos por la tradición cristiana posterior. En Oriente llamaban magos a ciertos sabios que se dedicaban al estudio de los astros y a profundizar en las ciencias religiosas, y se les consideraba como personas de gran santidad y sabiduría, que empleaban su vida en la búsqueda de la verdad.

El Evangelio asegura que venían de Oriente, esto es el oriente de Israel, pudiendo ser: arabia, Persia (Irán) Asiría (Irak), en incluso la lejana India. Muchos piensan que probablemente eran persas. Simbólicamente el Oriente es el punto cardinal que evoca el origen de la luz, de la verdad y de la sabiduría. El evangelio no dice cuántos eran, pero el Papa León dice que probablemente fueron tres, pues tres son los regalos que se mencionan. Según la tradición atestiguada por San Beda, el Venerable, Melchor, un anciano de blancos cabellos y larga barba, ofreció a Jesús oro, como señal de reconocimiento de su realeza. Es originario de Arabia, e iba montado en un camello. Gaspar “joven lampiño y rubio” procedente de Persia, montado en un caballo, ofreció incienso a Jesús en reconocimiento a su divinidad. Baltasar “negro y de espesa barba” venía de la India sobre un elefante y regaló a Jesús mirra, en reconocimiento de su verdadera humanidad.

Las características y atribuciones mencionadas acerca de cada personaje han cambiado según las épocas. La única nota que ha sido respetada a partir del siglo IV es su atribución regia y sus regalos.

Estos “magos” se desplazaron porque vieron su “estrella”. El simbolismo de la estrella en la historia de las religiones, indica, por su luminosidad, mensaje gloria, santidad, pertenencia al mundo divino de la persona a quien señala; por su aparición nocturna, alude a la revelación de su misterio equivalente a una invitación para contemplar la manifestación divina que anuncia; en fin, por su relación con un nacimiento, indica un presagio favorable y es un señalamiento a la actividad celeste divina del que ha de nacer.

El profeta Balaam había anunciado: “hacia Israel avanzará una estrella, y es que un nuevo reinado aparecerá en Israel” (Num 24,17). Suetonio, Tácito y otros historiadores que narran hechos del siglo primero, cuentan que había en Oriente una creencia muy extendida de que en Palestina saldría uno que gobernaría al mundo entero. Aquellos hombres, al ver surgir una nueva estrella estaban convencidos de que ella los guiaría hasta el sitio donde había nacido el nuevo rey celeste.

No vienen por curiosidad, sino para adorarlo como Dios. Es un viaje de fe el que han hecho estos hombres, se trata de una verdadera peregrinación. De ahí viene la costumbre, que, en la noche del 5 de enero, los niños pongan un zapato o un calcetín en una ventana o lugar visible para que los “Reyes” les dejen aquellos regalos que ellos han solicitado en la “carta” elaborada previamente.

La Rosca de Reyes

En la tarde o noche del día 6 de enero, se parte una rosca, alusiva a la corona de los reyes. Antiguamente se escondía en ella un grano o semilla; hoy, se coloca oculto en ella un muñeco, símbolo de Jesús niño. Quien lo saque en suerte deberá organizar algún refrigerio o comida el día 2 de febrero, cuando se celebra la Candelaria (la presentación del niño Jesús en el templo).

Acción de gracias

Esta fiesta y los regalos son la expresión del gozo desbordante por haber recibido el don más grande e inmerecido: Jesús el Salvador por eso, la familia debe velar que los niños que reciben regalos, se muestren agradecidos y aprendan, que a pesar de que no hicieron algo para merecer un obsequio, son tan amados que aun así lo reciben, y también que se lección para todos: saber dar sin esperar algo a cambio.