Navidad, Celebración Familiar

“Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre es la cosa más grande que se puede ser”

navidad-1El tiempo se ha cumplido, La preparación ha llegado a su término, y la espera ha encontrado su realidad. Todo lo anunciado por los profetas y lo anhelado por los hombres, Encuentra su cumplimiento en Jesús, el Dios nacido en Belén.

Dos palabras se hacen inevitables, al pensar en la audacia que tuvo Dios En la noche de Navidad: Asombro y locura. Asombro por parte de nosotros los creyentes. Locura por parte de Dios. Por qué la Navidad es un tiempo grandioso, pero también tremendo, porque tremendo es que Dios haya querido hacerse uno de nosotros, que se haya atrevido a hacerse tan pequeño como una de sus criaturas, y que haya querido no sólo parecerse, si no ser tan bien un bebé. la navidad es la prueba, repetida todos los años, de dos realidades formidables: que Dios está cerca de nosotros y que nos ama, pues al darnos a su Hijo, es como si nos amase el doble de lo ordinario.

Muchas veces, decimos que Dios está lejos, que nos ha abandonado que no sentimos solos… Pero la Navidad demuestra que eso no es cierto, al contrario: el verdadero Dios, abandonó los cielos por estar entre nosotros, ser como nosotros, vivir como nosotros, sufrir y morir cómo nosotros. Este es nuestro Dios: Un Dios que por amor se hizo pequeño para poder estar entre nosotros ¡Éste es el centro de nuestra fe!

Es una pena que haya personas a quienes no les gusta la Navidad, porque los pone tristes. Y, mirada la cosa con ojos humanos, se entiende un poco. La Navidad es tiempo de la ternura y de la familia y, desgraciadamente, todos tenemos personas que extrañar y en estos días vienen los recuerdos y las imágenes de los seres queridos que ya se fueron. Uno recuerda las navidades que pasó con sus padres, con sus hermanos, con los que se fueron, y parece que dolieron más esos huecos que hay en la mesa familiar. Pero mirando la Navidad con ojos de cristianos, son infinitamente más razones para la alegría, que esos rastros de tristeza que se nos meten por las rendijas del corazón. Porque, aunque podemos constatar el amor de Dios en cualquier fecha del año, en Navidad el amor de Dios se vuelve tan apabullante que haría falta muchísima ceguera para no descubrirlo. Por eso no debemos dejar que la nostalgia se refugie en nosotros, no debemos mirar hacia atrás, debemos contemplar el presente y descubrir que a nuestro lado hay mucha gente que nos ama y que necesita nuestro amor.

Por último, reflexionemos, él, por qué quiso bajar de los cielos. Todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos preguntado, por qué vino si conocía la suerte que le esperaba, hemos pensado que nosotros, no merecíamos su sacrificio, y nos hemos preguntado, si habrá valido la pena …

Sí lográramos penetrar en la verdad simple y sencilla, de que lo hizo porque nos ama y que, todo el que ama quiere estar cerca de la persona amada, comprendíamos al fin, cómo es, que el infinitamente Otro, Infinitamente nuestro, que Él, siendo la omnipotencia quiso compartir nuestra debilidad, que Él, siendo el Eterno, quiso hacerse temporal, que Él, siendo Dios, Único y Verdadero, haya querido entregarse y pagar un precio de sangre por nuestra redención. Y nos ama tan locamente, que los resultados de su venida serán los que nosotros queramos, los que nosotros libremente elijamos: podrá pasar a nuestro lado si no sabemos verlo, o crecerá dentro de nosotros si lo acogemos.

navidad-2Cuando verdaderamente descubramos que no hay gozo mayor que el sabemos amados, y que quien nos ama – ¡y tanto! – es nada menos que el mismo Dios, sentiremos deseos de llorar De alegría y de corresponderá su amor. Pues nos daremos cuenta de que hemos recibido un regalo grande e inmerecido.

Estamos a tiempo de pensar, que podemos brindarle como ofrenda, como obsequio, pues al final de cuentas, Él es el festejado. Por insignificante que sea, todos deberíamos presentarle un don o regalo, pueden ser cosas materiales destinadas a los pobres, pero también ofrecimientos personales de perdón, conversión y reparación de daños hechos a los demás, lo importante es mostrar el amor y agradecimiento que le tenemos, amando a los demás como Él nos lo pidió y enseñó.

CELEBRACIÓN FAMILIAR

INICIO DE LA CELEBRACIÓN:

Reunida toda la familia antes de iniciar la Cena de Navidad, junto al nacimiento, se inicia la celebración.

SALUDO. (Presidente)

navidad-3“Les anuncio una gran alegría, hoy nos ha nacido el Salvador”.  Pidiendo a Dios, que este nacimiento colocado en nuestro hogar avive en nuestra fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente la Navidad, lo invocamos diciendo: En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu -Santo. Todos: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA. (Cualquier miembro de la familia)

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, (2, 1-20)

«Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras estaban en Belén, navidad-4llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa. En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia.» Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. Todos los que escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. Después los pastores regresaron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían anunciado.»

Palabra del Señor. Todos: Gloria a ti Señor Jesús.

REFLEXIÓN. (Presidente)

En esta Noche Santa se cumple la antigua promesa: el tiempo de la espera ha terminado, y la virgen da luz al Mesías. Jesús nace para la humanidad que va en busca de libertad y paz; nace para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza. Dios responde en esta noche al clamor incesante de los pueblos: ¡Ven Señor, sálvanos! Su eterna Palabra de amor ha asumido nuestra carne mortal. El verbo ha entrado en el tiempo: ha nacido el Emanuel, el Dios con-nosotros. Adoremos este misterio del nacimiento del Señor, pero sobre todo, pidamos a este “Hijo” que se nos ha dado, la gracia de sabernos amados, sea esta noche el motivo de nuestra alegría y la razón de nuestra fiesta. Que así sea.

TRASLADO DE LA IMAGEN.

Sugerimos que el más pequeño de la familia, traslade la imagen del niño a donde han colocado el pesebre, acompañado por el hijo mayor que lleva encendido el cirio familiar. Al llegar al nacimiento se hace la siguiente oración de bendición sobre la imagen del niño sin colocarlo aún en el pesebre:

BENDICIÓN SOLENME. (Presidente)

Te bendecimos, padre amoroso, amigo entrañable y cercano a nosotros los hombres, porque enviaste al mundo a tu Hijo, para que, encarnándose en la Virgen purísima, fura nuestro Salvador y nuestro hermano, en todo igual a nosotros menos en el pecado. La iglesia nos enseña a venerarlo en su infancia y, cuando lo miramos como débil niño en la cuna, lo adoramos como Dios, Todopoderoso; cuando contemplamos su rostro, vemos en él la imagen de tu bondad. Hoy, en esta noche santa, al ver con emoción la imagen de tu hijo, te pedimos que, con tu bendición, esta imagen de Jesús, sea en nuestra casa señal de tu presencia y de tu amor.

Padre bueno, danos también a nosotros tu bendición, a nuestros padres, a nuestra familia y a nuestros amigos. Abre nuestro corazón a fin de que sepamos recibir a Jesús con alegría, hacer siempre lo que Él n os pide y verlo en todos aquellos que tienen necesidad de nuestro amor. Te lo pedimos en el nombre de Jesús tu amado hijo, que viene para dar paz al mundo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

VIVENCIA DEL NACIMIENTO.

navidad-5Terminada la oración, todos arrullan al niño cantando y pasan a darle un beso como signo de amor y veneración. (si no saben el canto de arrullo puede ser sustituido por algún otro villancico). Terminado el arrullo se le dan los regalos al Niño Jesús (empezando por los mayores hasta llegar a los más pequeños, todos, por insignificante que sea, deben presentar su “Don” o regalo).

ARRULLO

A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Esos tus ojitos ya los vas cerrando,
pero estas mirando todos mis delitos.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Las lágrimas tiernas son prueba que me amas,
pues padeces penas, niñito de mi alma.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Por cuna te ofrezco mi fiel corazón,
mas no lo merezco y te pido perdón.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

No hagas pucheritos, duerme padre amado,
que mi cruel pecado os causa conflictos.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

A dolor me mueve ver dos animales,
que finos y leales tu amor los conmueve.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Quisiste por nombre llamarte Jesús:
como padre amante tú me diste luz.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Recibe gustoso este rorro ro,
que muy placentero te lo ofrezco yo.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Mi querido Padre, Mi Dios, Mi Señor,
que sufres alegre del frío el rigor.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

En el crudo invierno tú, mi dios, naciste;
de todas mis culpas ya me deprimiste.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Delicias del mundo son pena y pesar,
por eso el Eterno se quiso humanar.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

En la gloria te cantan angélicas voces,
para que te duermas y del sueño goces.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Coros celestiales con su dulce acento,
canten la ventura de este nacimiento.
A la rorro Niño, a la rorro ro, que viniste al mundo sólo por mi amor.

Ahora, se le coloca al Niño en el pesebre y el cirio familiar se coloca en el interior de la corona que fuera de Adviento y que ahora es de Navidad.

(Presidente)

Felicidades, Jesús, Dios Omnipotente, ha querido nacer entre nosotros, que Él colme de dicha y de paz a esta familia, haga de nuestra casa su morada, y permanezca siempre con nosotros. Todos: Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL (inicia el presidente y las peticiones pueden ser anticipadas por los demás).

En este momento de inmensa alegría, porque Jesús ha nacido en nuestros corazones, ha querido ser hijo de una familia humana, dirijamos a Él nuestra oración diciendo: Por tu nacimiento, Señor, protege nuestra familia.

  • Oh Jesús, por tu eterna obediencia a María y a José, enséñanos el respeto y la obediencia a nuestros padres.
  • Tú, que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza a nuestra familia el amor y la concordia.
  • Tú, que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, haz que nuestra familia busque hacer la voluntad de Dios.
  • Tú, que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite a nuestros familiares, que otros años celebraban las fiestas de Navidad con nosotros, en tu familia eterna y permite que un día nos reunamos en tu gloria.

(Presidente)

Jesús, sabiendo que nos has escuchado, invocamos llenos de amor y de agradecimiento al Padre, que te envió a nosotros, diciendo la oración que nos enseñaste: PADRE NUESTRO…

 ORACIÓN FINAL (Presidente)

Dios Nuestro, que hiciste resplandecer esta Noche Santísima con el nacimiento de Jesús, verdadera Luz del mundo, concédenos el don de la paz, el amor y de la unidad, que estemos siempre dispuestos a servirte, siguiendo el ejemplo que Él, nuestro hermano, nos dio. Por Jesucristo nuestro Señor. Todos: Amén.

 BENDICIÓN (Presidente)

navidad-3Que la alegría, la paz, el amor y el perdón que Jesús nos trae, queden siempre en nuestra familia y que Dios Todopoderoso nos bendiga: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Todos: Amén.

LA CENA DE NAVIDAD

La Cena de Navidad, se empezó a celebrar en Europa como signo de la abundancia que Jesús trajo. Si es posible, conviene hacerla después de la participación de la Misa de Gallo, o de la Celebración Familiar de Noche Buena, para fomentar la reunión y reflexión familiar en torno a Él, el Verdadero Pan de Vida Eterna. Quien lo comprende, comparte su alimento con los necesitados, y así responde a la generosidad del Padre.

En este tiempo tan marcado por la pobreza, la desintegración familiar, el aborto, la indiferencia entre las tradiciones manipuladas por un consumismo superficial, debemos revalorar la Cena de Nochebuena, aprovechando que quizás es la única ocasión en la cual muchas familias se reúnen en todo el año, sin importar las distancias que separan a los integrantes.

Esta cena, es una gran oportunidad para revisar y fortalecer los vínculos familiares. Hay muchas familias donde por malentendidos, o discusiones, que no siquiera ya recuerdan, se han separado, guardando resentimientos, que tal vez estén listos para perdonar, pero por el egoísmo y el falso orgullo, esperan que la otra parte, sea quien dé el primer paso. Haciendo así, que el abismo que crearon entre ellos, cada vez y cada año sea más grande.

Por eso, es conveniente, que todos los integrantes de la familia, estén convencidos que su presencia en la fiesta de Navidad, es con el deseo sincero de recibir al Salvador y asemejarse todo lo posible a Él.

Y aplicando los frutos de la redención, pedir a Dios perdón por nuestros pecados, infidelidad, omisiones, hipocresía, por todas las cosas que no le agradan. Especialmente, pedir perdón por las ofensas que hemos cometido contra los miembros de nuestras familias. Estando convencidos, que nada, puede ni debe, ser tan importante como el amor que debe existir entre los hermanos.

Bendición de la cena. (Estando ya todo preparado para la Cena de Noche Buena, se pide a los asistentes que se pongan de pie, y el Jefe de la Familia, dice la bendición)

Padre: hoy nuestra casa está llena de felicidad, porque celebramos la Navidad, el día en que Jesús, por amor a nosotros, se hizo Hombre y nació de una mujer: La Virgen María. Ese Niño, que nos hace sentir más que nunca como una familia, nos reúne en esta noche, alrededor de esta mesa, donde recordamos a todos nuestros seres queridos que ya nos han precedido en la vida y en la fe, y que gozan ya de tu presencia en el cielo. Especialmente a:___________, a quienes extrañamos tanto, pero con quienes, estanos seguros, volveremos a reunirnos en tu gloria.

Y por eso, porque queremos estar en tu Reino de amor, de esperanza y de paz, y reunirnos con ellos, hoy renunciamos a todos nuestros rencores, venganzas y odios, perdonamos a todos aquellos que nos han ofendido, y pedimos perdón a quienes hemos hecho daño. Manifestamos nuestro arrepentimiento, y te aceptamos como único Señor y Dios de nuestra vida.

Y te pedimos, bendigas estos manjares, que con tanto cariño han sido preparados y que hoy hemos de compartir, y te pedimos por aquellos que no tienen pan, que no tienen casa, que no tienen trabajo, que no tienen familia, por aquellos que no tienen paz, porque les faltas Tú.

Y por mediación de María, Tu Madre y Nuestra Madre, te rogamos que el corazón de cada uno de nosotros, sea humilde Pesebre, donde Jesús pueda nacer, y así, superando todo aquello que nos divide, seamos capaces de formar parte de tu gran familia. Amén.